Dr. Alberto Pau Uriarte. Investigador Titular del Instituto de Historia de Cuba.
Máximo Gómez Báez, alcanzó el más alto grado militar del Ejército Libertador y ocupó el cargo de general en jefe del mismo, como resultado de su constante actividad combativa con relevantes resultados y destacado desempeño como jefe militar, siendo así reconocido por la historiografía en Cuba como en otros países. Fue el más destacado artífice y estratega de la guerra irregular o de guerrillas, que conoce la historia militar cubana.
Nacido en República Dominicana, se trasladó a Cuba en 1865 después de participar en la derrota de la invasión haitiana a su país y servir en el ejército. Se incorporó a las tropas insurrectas cubanas el 16.10.1868 y dos días después Carlos Manuel de Céspedes le otorgó el grado de Mayor General.
Por su conocimiento sobre el ejército español y sus métodos de combatir, el 26.10.1868 en la Venta del Pino o Pinos de Baire, con una pequeña tropa de infantería comandó la primera carga al machete de nuestras guerras independentistas, atacando sorpresivamente a dos compañías españolas, después de utilizar un ardid para provocarlos y hacerlos caer en una emboscada, a las que causó unas 200 bajas (Colectivo de autores, Centro de Estudios Militares de las FAR, 2004:79-80). Los resultados de esta acción, mostraron la capacidad de Gómez para realizar las acciones irregulares a nivel táctico, repitiéndolo después en innumerables ocasiones.
En la Guerra de los Diez Años (1868-1878) estuvo al mando de las tropas del Ejército Libertador en acciones combativas significativas como Cafetal Indiana, La Socapa, Santa Cruz, Nuevitas, La Sacra, Palo Seco, Naranjo-Mojacasabe, Las Guásimas de Machado, Loma del Jíbaro (Cafetal González). En la Guerra del 95 (1895-1898), ya en el cargo de general en Jefe, mandó las fuerzas libertadoras en Mal Tiempo, Coliseo, Calimete, Saratoga y Trilladeritas, entre las más destacadas.
Este extraordinario jefe militar, empleó hábilmente en las acciones combativas la sorpresa, la maniobra constante, la concentración y desconcentración de las fuerzas. Utilizó con éxito la emboscada, el repliegue y el hostigamiento. Aprovechó ampliamente las condiciones geográficas del terreno y conocía con profundidad al enemigo, su táctica, estrategia y posibilidades de su armamento.
El conocimiento de las condiciones y particularidades de la guerra en Cuba contra el colonialismo español, de las características del teatro de operaciones militares y la genialidad de su pensamiento militar, le permitieron a Máximo Gómez en la Guerra de los Diez Años y del 95, organizar y dirigir las campañas más importantes, como fueron la de Guantánamo (1871-1872); la del Camagüey (1873-1874); la invasión y campaña de Las Villas (1875-1876); la Campaña Circular (1895); la Invasora (1895-1896); la Lanzadera (1896) y la Reforma (1897).
Su experiencia militar y notable pensamiento estratégico le hicieron comprender desde la Guerra Grande, que para ganar la guerra en Cuba era necesario destruir la base económica del poder colonial español, lo que requería extender el marco de la contienda a las provincias occidentales. Además, había que obligar al mando español a dispersar sus fuerzas e inmovilizar gran parte de ellas en la protección de un mayor número de objetivos.
Así, a principios de 1875, después de una ardua y compleja preparación, se inició la invasión de Las Villas. Esta fue la operación ofensiva más importante, la campaña más extensa y de más profunda visión estratégica dirigida por el mayor general Máximo Gómez en la Guerra de los Diez Años, que hizo temblar los cimientos de la dominación colonial, llevando la tea incendiaria a la más occidental de las provincias; obligó al alto mando español a cambiar todo el plan de defensa, debiendo sacar gran cantidad de unidades de Oriente, Camagüey y el resto de Occidente, así como hizo posible que la Revolución tomara la ofensiva en todo el territorio levantado en armas.
Después en 1895, estuvo presente desde el inicio de la contienda, la necesidad de dar a la guerra por la independencia de Cuba un carácter nacional. De nuevo correspondió a Máximo Gómez, ahora como general en jefe, organizar y dirigir la campaña invasora como medio de extender el área de operaciones militares e incrementar la intensidad de la guerra.
La invasión a Occidente en el 95 fue su obra magna, considerada una de las hazañas bélicas más importantes de la historia militar de todos los tiempos y fue comparada por muchos historiadores con la invasión a Cartago por Escipión el africano. Constituyó un rotundo éxito y una demostración de la maestría combativa alcanzada por el Ejército Libertador cubano.
Al terminar la operación, las tropas cubanas habían llegado a Mantua, el extremo más occidental de la Isla, cumpliendo los objetivos propuestos. Esta extraordinaria hazaña del contingente invasor de algo más de 4 000 efectivos, liderado por el mayor general Máximo Gómez, logró recorrer 1 197 km en cincuenta y un días –del 3 de diciembre de 1895 al 22 de enero de 1896– con un promedio general de la marcha de 23,5 km por jornada. En este plazo, libraron diecinueve acciones combativas y ocuparon veintidós poblados, la fuerza invasora sufrió alrededor de 50 muertos y 400 heridos.
El costo de estos objetivos, aunque dolorosos, puede considerarse insignificantes, si se tiene en cuenta que se derrotó al capitán general Martínez Campos, el Pacificador, y los cuarenta y dos mejores generales que España puso al frente de sus 119 286 soldados regulares, 63 000 voluntarios y 6 000 guerrilleros desplegados en la Isla. Tal fue el esfuerzo hispano para impedir este resultado, que en enero de 1896 el ejército español concentró 25 000 hombres para detener el avance del ejército invasor cubano.
No solo los analistas militares cubanos valoraron altamente la operación. El New York Herald del 22.12.1895 publicó: Gómez, de hecho, ha terminado su jornada con suma de gloria (…) Cuando esta marcha de Gómez se descubra, el mundo militar la admirará como una de las más atrevidas que se tiene noticias en los designios de forzar líneas enemigas.
En The Sun el 14.1.1896 se decía: Si de esta campaña se dijera que es extravagante en su audacia, no sería satisfactoria la expresión porque los resultados han probado que no es extravagante (…) Gómez ha desplegado en toda esa campaña un admirable genio militar.
La Revue Militaire, de Bruselas, publicó en 1896: En esa marcha triunfal de Oriente a Occidente, los cubanos trastornaron de manera radical y completa el orden natural de la guerra moderna.
Medio siglo después, se puede apreciar su influencia en el Arte Militar cubano. En la carta del 3.3.1954, desde la prisión donde acababa de leer Crónicas de la Guerra de José Miró Argenter, Fidel Castro escribió: Su libro fue para todos nosotros una verdadera Biblia (…) Muchas veces recorrió con él nuestro pensamiento la inmortal marcha del Ejército Invasor, viviendo con emoción cada combate y tratando de captar cuanto detalle táctico o estratégico pudiera representar una experiencia útil.
Para comprender cabalmente los factores que contribuyeron al éxito en los combates y batallas de su extensa trayectoria como jefe militar, es importante tener presente que las posibilidades de Máximo Gómez de despistar al Ejército español sobre la idea de sus acciones, de lograr atacarlo por sorpresa, obligarlo a una persecución infructuosa, así como evadir las trampas y celadas que le tendían, no eran obra de la casualidad o la buena suerte, sino el fruto de su extraordinaria astucia militar1.
Esta es una cualidad poco resaltada de este brillante caudillo militar, un rasgo característico de su pensamiento y acción, que lo distinguió entre todos los principales jefes del Ejército Libertador, en la preparación y conducción de las acciones combativas y le permitió alcanzar el éxito frente a un enemigo experimentado, con notable superioridad numérica en hombres, equipos y abastecimientos.
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1 Astucia militar: forma de pensamiento de los jefes y combatientes que les garantice sorprender al enemigo mediante el engaño, induciéndolo al error. Lobov, Vladimir: Astucia Militar. Moscú, 2001, pp. 8-9.
Como demuestra lo antes planteado, el pensamiento desarrollado por los principales jefes militares en las luchas por la independencia de Cuba, en el enfrentamiento siempre en desventaja numérica y tecnológica con el enemigo, pero también siempre en ventaja por la justeza de su lucha y el dominio del teatro de operaciones, adoptó la concepción de resolver el enfrentamiento armado con el método de lucha irregular, donde la astucia, creatividad, iniciativa y movilidad, unidas al hábil aprovechamiento de las cualidades del terreno y el medio, le posibilitaba superar las desventajas y vencerlo.
Esa fue la concepción que prevaleció en el pensamiento y la acción del Generalísimo Máximo Gómez, que le permitió alcanzar cuantiosos éxitos en las acciones combativas durante nuestras guerras de independencia.
Este excepcional dominicano, maestro inigualable de los principales jefes militares cubanos, desarrolló al más alto grado la estrategia y táctica del Ejército Libertador.
Su contribución al surgimiento, formación y desarrollo del arte militar cubano, unido a su pensamiento y práctica militar, lo distinguen como el jefe más sobresaliente de las guerras por la independencia.
Referencias bibliográficas
Boza, Bernabé: Mi diario de la guerra, T. 1, La Habana, 1974.
Colectivo de autores, Centro de Estudios Militares de las FAR: Historia Militar de Cuba. Primera Parte, T. 2. (1868-1878), La Habana, 2004.
Franco, José Luciano: Antonio Maceo. Apuntes para una historia de su vida. T. II, La Habana, 1973.
Lobov, Vladimir: Astucia Militar, Moscú, 2001.
Miró Argenter, José: Crónicas de la Guerra, La Habana, 1981.
